domingo, 7 de abril de 2013
Las puertas del cielo
Un día de verano me enseñaron cuatro acordes: Sol, Re, La menor y Do.
Con estos se forma "Knockin' on Heaven's Door" de Bob Dylan, la primera canción que aprendí a tocar.
Cuando la tocaba me sentía fuerte, me vaciaba y pasaba a ser solo carne, huesos y sangre con un puñado de sentimientos desentrenados. Sentía el cielo nublado sobre mi y que podía elevarme hasta alcanzarlo si quisiera.
He de decir que a pesar de la sencillez de la canción, me llevo meses dominarla, y sin poder cantar a la vez. También he de decir que no sabia nada de música mas allá de las notas que existen y su orden.
Aquello me proporcionaba una intimidad que en mi casa no podía tener. Con la guitarra en mis manos solía viajar lejos, por carreteras solitarias en una caravana, a través de los Estados Unidos en un tren de mercancías o por la calle principal de un pequeño pueblo de la frontera. No existía nada más que yo y lo que yo quería hacer.
Pero a diferencia de la mayoría de guitarristas principiantes, yo no quería convertirme en una leyenda de las seis cuerdas ni en una especie de maquina con dedos automáticos Para mi, la música en sí esta por encima de los instrumentos, y solo quería usarla como medio de transporte para lo que quería transmitir.
A día de hoy sigo tocándola y sigo sintiendo lo mismo que entonces. La calma se abre paso desde dentro, las nubes grises se ciernen sin piedad, me rindo ante el verdadero ser interior, el que por extremista que suene, renuncia a la compañía de humanos si eso evita problemas con éstos. Una forma de morir en vida durante unos minutos.
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