- Yo he tenido que trabajar duro todos los días de mi vida. Y, ¿de qué puedo presumir? De este maletín y este corte de pelo. ¿De qué puedes presumir tú tras una vida de pereza e ignorancia?
- ¿De qué?
- De todo. Una casa de ensueño, dos coches, una mujer guapa... un hijo que es dueño de una fábrica, ropa elegante... y langosta para cenar. Y, ¿te mereces algo de eso? No.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que tú eres el problema de Estados Unidos, Simpson. Te dejas llevar por la vida, haces lo menos posible... chupándole la sangre a gente decente y trabajadora como yo. Si vivieses en cualquier otro país, ya te habrías muerto de hambre. Eres un farsante. Un auténtico farsante.
Los Simpsons - "El enemigo de Homer"
Hubo un día en el que se decidió que el conocimiento no podía ser de dominio público. Que solo unos pocos podían conocer la realidad, y solo ellos podían decidir en consecuencia. Y con un plato de comida caliente en la mesa, el público aceptó y se despreocupó.
Otro día, una ventana infinita en el salón mostraba coches más rápidos, aparatos increíbles, sillones más cómodos. Y con un coche reluciente y perfumado aparcado en la calle, el público se acomodó.
Los años pasaban, la comodidad aumentaba y la incansable capacidad de la ventana de traspasar los límites de la sensatez calmaban ese picor detrás de la nuca. Los pocos conocedores de la realidad, los únicos capaces de decidir, se hacían más fuertes.
Las abuelas pensaban que sus nietos nunca comían suficiente, y los nietos perdieron la capacidad de correr y jugar. Los abuelos pensaron que sus nietos no debían conocer lo que ellos vivieron, y el desconocimiento forjó barrotes a su alrededor. Los padres y las madres, inconscientes de trabajar tanto, llenaban el árbol de navidad con juguetes a montones, mientras el regalo de la educación, el más preciado, era ofrecido por sistemas educativos erróneos, encerrado en frías paredes. Y los nietos e hijos, como gallinas, engullían el pienso transformado en libros de texto, para más tarde vomitarlo todo en un papel que decidiría su futuro.
Y ahora, el sistema forjado se hace insostenible, mientras que los conocedores de la realidad, los capaces de decidir, echan la culpa a los acomodados y a las gallinas a sabiendas de que ellos mismos los han creado.
- ¿De qué?
- De todo. Una casa de ensueño, dos coches, una mujer guapa... un hijo que es dueño de una fábrica, ropa elegante... y langosta para cenar. Y, ¿te mereces algo de eso? No.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que tú eres el problema de Estados Unidos, Simpson. Te dejas llevar por la vida, haces lo menos posible... chupándole la sangre a gente decente y trabajadora como yo. Si vivieses en cualquier otro país, ya te habrías muerto de hambre. Eres un farsante. Un auténtico farsante.
Los Simpsons - "El enemigo de Homer"
Hubo un día en el que se decidió que el conocimiento no podía ser de dominio público. Que solo unos pocos podían conocer la realidad, y solo ellos podían decidir en consecuencia. Y con un plato de comida caliente en la mesa, el público aceptó y se despreocupó.
Otro día, una ventana infinita en el salón mostraba coches más rápidos, aparatos increíbles, sillones más cómodos. Y con un coche reluciente y perfumado aparcado en la calle, el público se acomodó.
Los años pasaban, la comodidad aumentaba y la incansable capacidad de la ventana de traspasar los límites de la sensatez calmaban ese picor detrás de la nuca. Los pocos conocedores de la realidad, los únicos capaces de decidir, se hacían más fuertes.
Las abuelas pensaban que sus nietos nunca comían suficiente, y los nietos perdieron la capacidad de correr y jugar. Los abuelos pensaron que sus nietos no debían conocer lo que ellos vivieron, y el desconocimiento forjó barrotes a su alrededor. Los padres y las madres, inconscientes de trabajar tanto, llenaban el árbol de navidad con juguetes a montones, mientras el regalo de la educación, el más preciado, era ofrecido por sistemas educativos erróneos, encerrado en frías paredes. Y los nietos e hijos, como gallinas, engullían el pienso transformado en libros de texto, para más tarde vomitarlo todo en un papel que decidiría su futuro.
Y ahora, el sistema forjado se hace insostenible, mientras que los conocedores de la realidad, los capaces de decidir, echan la culpa a los acomodados y a las gallinas a sabiendas de que ellos mismos los han creado.
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