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El día que los inconscientes ganaron

miércoles, 9 de marzo de 2016

Hipocresía Nº 3 y Nº 41



Me gustaría dedicarle unas lineas al lector, primero para agradecer la intención de leerme, segundo para despedirle si piensa que no es hipócrita en ningún aspecto y nunca se contradice.


Estaba ésta mañana en esa tarea crónica pero poco habitual de cortarme el pelo y en la radio sonaba una canción, el estribillo decía:

"Yo quiero que este 
sea el mundo que conteste
del este hasta oeste
y bajo el mismo sol
 

ahora nos vamos
sí juntos celebramos
aquí todos estamos 

bajo el mismo sol"

De pronto esas palabras chocaron en mi cabeza contra una alambrada de espino. Después contra largas filas de personas caminando, contra pequeños barcos a rebosar llegando a la costa. Contra plásticos haciendo las veces de tienda de campaña y contra niños pequeños en cajas de cartón entre la fría niebla de la mañana.
Cuando esas imágenes y otras similares pasaron, aparecieron vestidos caros en cuerpos artificialmente bellos, coches brillando en un parking vigilado lleno de bolsas y vasos, luces de neón elegantes en la fachada y una moqueta oscura llena de manchas en la entrada de un edificio vistoso y moderno. Y dentro, esa canción sonando:

"Saca lo malo malo
no digas paro paro
vale la pena mí amor, 

la pena mí amor"  

Y las luces de colores fluyen entre la oscuridad acompañadas de un flash blanco, el olor a sudor, alcohol y gomina se establece en la pista:

"no hay fronteras-eras
será lo que tu quieras
lo que tu quieras amor
se puede amor"


Y los hombres con cara de acosadores y mandíbula casi desencajada cantan estos versos a mujeres que bailan intentando mantener la compostura.

Más tarde quise pensar en el día después de esos hombres, tomando cervezas con sus compadres, quejándose de los peligrosos pobladores de Oriente Medio que intentan quitarnos lo nuestro. Lo suyo. Se quejan de que se use su dinero para acoger a estas personas, sin embargo, no les importa que se use incluso más para evitar que lleguen.
No importa que lleven máscaras pues si se presta atención, se puede ver a través de sus ojos; y ni esto hace falta ya que a medida que hablan, la máscara se les cae.

Tras esto, decidí que no quería deprimirme pensando en estos mentirosos y empecé a darle vueltas al intenso proceso creativo que aquel genio de las palabras llevó a cabo para escribir la canción. ¿Estaba tratando de describir un mundo unido, sin fronteras físicas, en el que todos los seres humanos bailan una canción? ¿Es consciente de que un mundo en el que todos tienen el mismo gusto es un mundo deprimente? Y si realmente esta persona cree en un mundo así, ¿por qué no retrata la realidad para concienciar de que hay que cambiarla? ¿Será que quiere vivir con una máscara puesta a cambio de dinero?  
¿Podría Jennifer Lopez aclararme estas dudas?

Quizás el problema es que soy tan exigente que cuando escucho una canción TAMBIÉN presto atención a la letra. Qué locura.
 
Si ha llegado hasta aquí, querido lector, entienda que prefiero la hipocresía a las máscaras. Al menos esta es natural.

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