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viernes, 6 de diciembre de 2013

Libros en el escaparate



Vas a conciertos de bandas o artistas jóvenes cuya música tiene un sentido, creada a partir de buenas ideas y con una finalidad, capaz de divertirte y enseñarte. Miras al publico y está disfrutando, entregado, conscientes de que lo que ven, escuchan y sienten perdurará en sus mentes (y a veces en sus cuerpos) haciéndoles crecer. Pero sólo hay 200, 500 o 1000 personas, dependiendo del lugar.

Pero si vas a conciertos de gente que no nombraré, hay cantidades ingentes de personas que disfrutan, claro que si, pero no aprenden, no crecen.

Recuerdo cuando era pequeño, en el colegio, que las clases de música eran para hablar con los compañeros y pasártelo bien. Teníamos un profesor apenas exigente y era difícil suspender la asignatura. Tener cinco horas semanales de matemáticas a máxima intensidad y una hora semanal de música sin intensidad, a la larga es como haber tenido solo matemáticas.
Quizás el estado de la música y la aceptación de ésta actualmente se deba en gran parte a la educación que en su día recibimos.

Claro que esto es aplicable a todo, por ejemplo, recuerdo ese cuaderno con las obras y autores de la literatura española, que la gran mayoría se aprendió de memoria en su momento. Me atrevo a decir que solo la gran minoría ha leído esas obras.

Nos han educado para esto, para ser un pueblo aparentemente culto pero con un interior vacío, como una librería que solo tiene libros en el escaparate.

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