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El día que los inconscientes ganaron

viernes, 5 de abril de 2013

Butterscotch Blonde



Estuve dos años y medio entre cables, herramientas y ordenadores, o como se conoce comúnmente, en un Grado Medio de Equipos Electrónicos de Consumo. Sinceramente, lo hice porque era lo más llamativo en el instituto más cercano, y algo tenía que estudiar... finalmente lo abandoné, y no he vuelto a confiar en el sistema educativo.


Por aquél entonces me consideraba un ser inútil y lo único que me hacía sentir vivo era conducir y viajar, pero no lo hacia a menudo. También he tenido personas muy especiales a mi alrededor que me ayudaron a sobrellevarlo.
Todo empezaba a cambiar, con una crisis económica inminente y la importancia de una fuente de ingresos. Pero las experiencias familiares por las que pasaba me enseñaban a no confiar. No podía hacerlo. Había algo en la música que me ofrecía la vida que buscaba.

En verano de aquel año murió mi abuela, y dejó a todos sus nietos una pequeña herencia. La idea era usar parte de ésta para comprar algo recordatorio, pero nunca suelo llevar pulseras, anillos o colgantes así que pensé en algo que además me hiciera sentir útil.

Al poco tiempo lo vi claro, me compré una guitarra. Una guitarra que me ayudó a romper y atravesar la pared.

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