miércoles, 10 de abril de 2013
A través del universo
Hace un año conocí un lugar en medio de las montañas, al norte de aquí, donde encontré la tranquilidad interior que necesitaba. La llave de la última cerradura de mi mente.
En ese lugar me despertaba al amanecer, y veía los arboles bañados por la tenue luz del sol, meciéndose con el viento. A veces podía ver algún ciervo pasar por delante de la cristalera de la casa en la que dormía.
Tras despejarme y vestirme, metía en la mochila agua, tabaco y guantes, y echaba a andar a la casa común.
Durante el camino que duraba unos cinco minutos, aparecían las primeras conversaciones del día mientras el sol se dejaba ver en el montañoso horizonte. Ya en la cocina-comedor, disfrutaba de té y pan artesanal con miel (elección personal, no por falta de variedad) mientras me informaba de las tareas que ocuparían mi mañana. Preparar invernaderos para sembrar, colocar toldos, arrancar malas hierbas de la plantación de trigo, poner paja sobre la tierra de los huertos para retener la humedad (y hacer bromas sobre esto con alguien que no entiende del todo tu idioma) y un largo etcétera.
Mientras trabajaba, conocía gente de lugares diferentes, aprendía de ellos, contrastaba mi visión de la vida y entendía realmente la necesidad de la naturaleza a mi alrededor.
Sin lugar a dudas, tenían la mejor comida que he probado en mi vida. Una de las mejores sensaciones que tuve allí. Nada de productos químicos ni transgénicos, todo orgánico. Después me sentaba en el porche a observar el paisaje con una lata de cerveza y un cigarrillo. Allí nada me molestaba, ningún problema en mi cabeza, solo el sonido de las águilas surcando los valles, las cabras comiendo, música a veces, conversaciones interesantes...
Los voluntarios teníamos los fines de semana libres y en uno de ellos celebraron varios cumpleaños a la vez (según el horóscopo, porque son muchas personas). Sacrificaron un cabrito que no daba leche para la cena y sirvieron vino producido allí mismo, y creedme, sin saber la graduación es mas divertido beber.
Hoy, después de un largo año, pienso que me he desprendido de dos pequeñas partes de mi alma, que cobrarán forma y sentido cuando vuelva a reunirme con ellas. Una la dejé en aquel lugar, la otra se la llevó alguien especial a un país del norte.
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