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El día que los inconscientes ganaron

martes, 10 de septiembre de 2013

Extracto de otra vida nº 3



"Hay algo especial en los ojos de las personas, cuando miran a los míos, que describen vagamente lo que pasa por sus cabezas. Es algo más fuerte que todas las palabras de todos los idiomas que puedan utilizar después, como un túnel directo a sus pensamientos.
Al principio, cuando se trata de desconocidos, resulta incómodo y las miradas son cortas, dando paso a conversaciones que pueden ser de interés o no.
Pero a veces, muy pocas veces, encuentras una persona, unos ojos y una mente, que no puedes olvidar jamás, por mucho tiempo que pase y por muchos caminos que recorras. Ahora solo quiero saber si tú tampoco podrás olvidar mis ojos y mi mente, porque si es así para mí no tiene sentido seguir vagando solo por esta tierra, viajaría contigo sin pensar en el futuro. Si no, me alejaré por el camino que lleva al norte al amanecer, y probablemente nunca vuelva."

Firmé la carta, la doblé y me quedé sentado, esperando a que ella, que trabajaba en la barra de aquel bar de carretera, entrara en el almacén. No sabía bien que podría pasar cuando la leyera, quizás se echara a reír, pero según su mirada era poco probable.
Por fin se alejó un poco de la barra y aproveché para acercarme rápidamente, dejar la carta y salir por la puerta. Fuera hacía bastante frío y las montañas nevadas, a lo lejos, indicaban que la temperatura bajaría mucho más si seguía adelante. Me apoyé en el capó de mi coche, encendí un cigarrillo y me quedé mirando al cielo gris, con el corazón bombeando violentamente, como una siniestra banda sonora creando tensión, suplicando conocer el desenlace.
Todo estaba en silencio, no pasaba ningún vehículo por la solitaria carretera que atravesaba este paisaje inhóspito. ¿Qué chica atrapada en un trabajo y una rutina desesperante no querría largarse de aquí para siempre? Y yo quería ayudarla a hacerlo, sus ojos y su mente me lo habían pedido. 
Así que allí permanecí, con los ojos en el horizonte, el oído en la puerta y el culo helado.

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