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lunes, 1 de junio de 2015

Extracto de otra vida nº 5 (Parte 1)


Mi nombre no importa y mi edad menos. Me gusta escribir, me gusta la continua pelea entre lo que pasa en mi cabeza y lo que acaba en el papel. Nada es verdad y nada es mentira en mi vida y en lo que escribo, por eso decidí compartir esta pequeña parte de mi historia.

Yo solía escribir cuentos y relatos, conseguía publicar bastantes, pero como tenía que comer y vivir, también trabajaba en la construcción. Había terminado mi contrato en un edificio de oficinas y con ésta última paga había ahorrado dinero suficiente para sobrevivir bastante tiempo. Por el momento había alquilado una pequeña casita en una aldea medio abandonada en el norte del país y pensaba dedicarme a ayudar a los agricultores locales.
El primer día lo dediqué a organizar la casa, cuya distribución consistía en un salón bastante grande con dos salidas, una la puerta principal que daba a un pequeño camino de tierra hasta la carretera y otra que comunicaba con el jardín trasero. La cocina estaba en una esquina bajo una ventana en dirección este, y el paisaje formado por bosques y claros al principio y montañas después era impresionante. En el lado opuesto tres habitaciones, una servía de almacén, otra de dormitorio y la tercera era el baño. El jardín estaba descuidado, con hierbas por todas partes y estaba delimitado por un pequeño muro hecho con piedras de la zona, grises con verdina, a la altura de las rodillas. Había una escalera de madera vieja que conducía al ático que estaba vacío y donde aparentemente había más de una familia de arañas.
Cuando llegó la hora del almuerzo ya había colocado la ropa en el armario, los alimentos en los muebles de la cocina y algunos utensilios y herramientas en el almacén y aunque no poseía muchas cosas, empecé a sentir que era mi hogar. Después de trocear el queso y el pan, me senté en la pequeña mesa frente a la chimenea, que presentaba signos de no haber albergado un fuego en varios años. Comí con tranquilidad mientras pensaba que haría el resto del día y poco a poco fui acabando con la botella de vino.
El débil sol de marzo dejó de entrar por la ventana de la cocina mientras decidí que debía dejar mi cabeza descansar sobre mis brazos en la mesa. Cerré los ojos y me quedé escuchando a los pájaros piar suavemente en los árboles.

Sentí algo peludo tocarme el brazo y me desperté sobresaltado mientras un gato gris saltó de la mesa al suelo y se quedó mirándome. La estancia estaba más oscura y tardé unos segundos en recordar dónde estaba. Cuando lo hice me levanté a beber agua y me quede mirándolo. Parecía pedir caricias así que le dí unas cuantas y le abrí la puerta trasera para que saliera. Me miró, corrió hacía las escaleras del ático y se coló por un hueco entre las tablas de la puerta. La verdad es que me sentí más tranquilo sabiendo que tenía un vecino arriba.
Desde la puerta observé el cielo azul intenso del este con su ejército de estrellas ganar la batalla al rojo sangre y naranja del oeste. "Bonita frase, debería escribir algo" pensé, "¿Para qué?" concluí, entré en la casa y abrí otra botella de vino.

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