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El día que los inconscientes ganaron

sábado, 29 de marzo de 2014

Extracto de otra vida nº 4



Los aplausos resonaban por todo el teatro cuando apareció en el escenario, caminando con precaución en dirección al señor canoso y arrugado que sostenía aquella medalla en las manos, un premio que nadie entendía muy bien para qué servía aunque tampoco parecía importarles.

Las demás personas sobre el escenario aplaudían y sonreían como si se ganarán el sueldo así mientras él, indiferente ante protocolos, inclinaba su cabeza para recibir la supuesta recompensa.
Acto seguido estrechó una por una las manos de los presentes sin expresión en la cara, escondido tras las gafas de sol, y se acercó al atril donde reposaba el micrófono. Se hizo un silencio sepulcral sólo interrumpido por alguna que otra tos, y le invadió la sensación de estar al borde de un precipicio.

    -Buenas noches -comenzó-, me alegra dirigirme a ustedes mientras puedo, no por mí sino por aquellos que hoy estáis sentados ahí abajo, con vuestras calvas, vuestras barrigas y vuestro pie izquierdo en la tumba. Es posible que este premio que cuelga de mi cuello represente algo para ustedes pero no podría importarme menos, para mi representa la posibilidad de hablar claro y de decirles que son ustedes el gran problema del país de donde vengo. En otros tiempos fueron los perros falderos de un ser despreciable y renunciaron a su moral a cambio de riquezas. Para mí no son más que trozos de carne corrupta que acabarán pudriéndose en una caja de madera y es por eso por lo que nadie les ataca.
Han educado bien a sus hijos e hijas para seguir sus practicas pero sus ideales y creencias están ancladas en el pasado y eso les delata, dándole una valiosa ventaja a eso que ustedes llaman juventud. Así que quiero decirles que las mentiras que han instaurado hacen crecer el odio, el cuál llevará a la violencia y ni sus muros ni sus fuerzas del orden podrán detener la bala dirigida a vuestro presidente.

Los gritos estallaron en el público, las luces iluminaron toda la estancia y la incertidumbre se apoderó de él mientras giraba sobre sí mismo. Se despidió con un "hasta luego" de los personajes que aún seguían sobre el escenario, asustados ante aquella situación que nunca habían vivido, y desapareció. Quizás aquello tuviera una repercusión pero tras cuatro ginebras y una cajetilla de tabaco, no le importaba. Nadie sabía quien era realmente o donde vivía. Todo lo que la gente conocía era la imagen de un artista, la historia de un personaje ficticio encarnado por una persona de carne y hueso, capaz de abandonarlo todo y desaparecer sin dejar rastro.

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